El terremoto francés

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

31 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

¿POR QUÉ una Constitución que desbroza el camino hacia una Europa políticamente unida, precisamente cuando su presencia es más necesaria que nunca en el mundo, ha merecido el rechazo de los ciudadanos franceses? ¿Por qué una Constitución que consolida en lo esencial el modelo social europeo ha sido rotundamente cuestionada por nuestros vecinos del norte? La respuesta a estos interrogantes no es sencilla. Sin duda son variados los factores que han influido en el desenlace que ha conmovido a Europa. La inseguridad económica y vital que padecen muchos ciudadanos como consecuencia de la erosión que sufre el estado del bienestar, la convergencia de intereses contradictorios y aun antagónicos -es difícil de imaginar que Le Pen, De Villiers, Fabius, Chevénement... puedan formar un frente coherente capaz de sostener un proyecto alternativo-, la división de las principales fuerzas políticas o el temor a la decadencia de Francia son sólo las causas inmediatas que explican el seísmo político provocado por el referéndum del pasado domingo. Pero lo ocurrido en Francia tiene mucho más calado. Es la expresión de una profunda crisis de la política, que no se circunscribe al ámbito de un país concreto. En efecto, en el mundo de hoy los grandes poderes económicos desbordan los límites del Estado-nación, escapan a su regulación y control, imponen su ley y gobiernan el proceso mundial sin que existan poderes democráticos capaces de subordinarlos a la voluntad de los ciudadanos y al interés general. En este contexto, en el que están amenazadas las conquistas sociales, surgen por doquier populismos que, desvinculando los problemas de sus causas y proponiendo soluciones milagrosas, consiguen importantes apoyos ciudadanos. El resultado no es otro que la marginación de la política y una crisis profunda de la democracia. He visto que personas de izquierdas, de cuya honestidad no puede dudarse, han celebrado el resultado del referéndum francés como una respuesta exitosa a este lamentable estado de cosas. Creo que se equivocan profundamente. Pronto comprobarán como el no francés se transforma en la primera gran victoria de los sectores antieuropeos, y como dará alas a las poderosas fuerzas de la disgregación que no desean una Unión integrada y poderosa. Con Nicolás Sarkozy -el hombre más liberal y atlantista de la derecha francesa- en ascenso irresistible; con la crisis del PSF y el éxito cosechado por Fabius; con Blair fortalecido por el resultado de la consulta; con París y Berlín divididos por primera vez desde 1954; con Angela Merkel a un paso de conseguir la cancillería alemana, no veo razón alguna para la celebración ni soy capaz de vislumbrar siquiera la fuerza o coalición de fuerzas dispuesta a retomar las negociaciones con la intención de proponer una Constitución más avanzada. Tiempo habrá para análisis más detallados. Ahora es el momento de tomar buena nota de los graves errores que nos han conducido a esta indeseable situación. También lo es el de proclamar nuestro indeclinable europeísmo.