Claro que pasa

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

DECIR que no tenemos un grave problema y tratar de minimizar lo ocurrido es propio de cegatos. Decir, como se ha empezado a decir el mismo domingo, que la construcción europea ha de seguir su camino como si nada hubiese ocurrido, es de indolentes. Decir que los ganadores han sido el fascista Le Pen y los socialistas disidentes es de irresponsables. Aunque a lo mejor es lo que somos. Unos insensatos que nos negamos a ver la realidad cuando no nos es propicia. Porque nada más conocerse el resultado del referéndum francés se apresuraron a lanzarnos mensajes de que Europa no está en peligro, de que lo que realmente votaron los franceses fue un varapalo a Chirac y a Raffarin y que lo que hay que hacer es dejar que se serenen y volver a llevarlos a las urnas. Aquí, como siempre, no se consuela el que no quiere, aunque todo sea mucho más complejo. Lo que han hecho los franceses antes de ir a votar es un recuento. Y se han encontrado con recortes sociales, situación económica frágil, privatización de servicios básicos, temor a la integración turca y a países del Este, falta de liderazgo europeo, incertidumbre, recelo a la inmigración... Y se han plantado. Y ahora apencamos todos. Unos más que otros, como siempre ocurre. Y como también siempre ocurre, los gallegos en vanguardia. Porque cuando nos habían colocado nuestro futuro sobre los fondos comunitarios, ahora nos encontramos con que éstos se van a decidir en un ambiente de desesperanza y desánimo y con dos de los compañeros de viaje, Francia y Alemania, maltrechos y a punto de cascar. Así que no nos vengan con monsergas de que no pasa nada. Porque los que habitamos esta esquina del Finisterre sabemos que nos puede pasar mucho. Sabemos que como nadie lo remedie, nos van a volver a llover sopapos, sin comerlo ni beberlo.