QUÉ tiempos aquellos en los que la crónica negra la presidía Paulino y su cuchillo de matar cerdos. El chantadino, presa de un ataque de locura, asesinó a todo vecino que se cruzó en el camino aquella tarde de marzo de 1989. Dieciséis años después, la crónica de sucesos de Galicia ya no entiende ni de lindes ni de fouciños. El jueves conteníamos la respiración ante la operación que desarticuló una red de pederastas cibernéticos, incluido un gallego, especializada en violar bebés. Y anoche, una cuneta en Silleda sirvió de escenario del brutal crimen de dos jóvenes en un ajuste de cuentas supuestamente relacionado con el narcotráfico internacional. La sangrienta correría del infeliz de Paulino nos resulta, dentro de esta nueva crónica negra, un episodio entrañable.