NADA OCURRE en Internet que no ocurra en la vida real. La acción criminal de los pederastas detenidos esta semana no debe achacársele ya que no es más que un instrumento de comunicación que acorta distancias y reduce tiempo. Es más, facilita la acción policial al estar en un ámbito localizable. No afirmo que sea fácil. El criminal investiga nuevas argucias y formas de sofisticarlas para no ser descubierto. Pero lo virtual elimina múltiples matices de la vida real y limita el terreno al delito. No es por tanto Internet donde debemos poner nuestro dedo acusador. Civilizarse significa reprimir el lado turbio de la condición humana y distintas modalidades de la psiquiatría nos dicen que los pederastas, como los violadores, son incapaces de hacerlo. ¿Les convierte esta incapacidad en enfermos? Estoy con los que lo niegan. Estamos en el inicio de reconocer el dolor que han de soportar los enfermos mentales y sus familiares. Sumar a esta condición la de quienes disfrutan con el dolor de los más indefensos, conociendo la situación de desigualdad que les beneficia, sería dar un paso atrás, además de una forma de justificarlos. Si justificar es una manera de practicar justicia, claro. Los pederastas detenidos no eran, por otra parte, muertos de hambre, lo que nos hace pensar que no actuaban por dinero. Hoy sabemos que muchos pederastas actúan y se comunican a través de sociedades secretas de elite, y subrayo elite en un sentido estricto. Hijos de clase media y alta se encuentran clandestinamente con altos ejecutivos del mundo para dar y recibir material y consumir esta aberración. Saberse agrupados en una minoría selecta y secreta ha de darles forzosamente una sensación de superioridad y, en consecuencia, de poder sobre el resto que cualquier obstáculo les parecerá cosa de risa. Mucho más en un terreno de alta tensión como es la sexualidad. Y en un tiempo en que bajo el escudo de información sexual y propiciado por una izquierda reaccionaria, se ha banalizado el deseo transformando la riqueza emocional de la seducción en maquinaria vacua de provocación inmediata. Si no, vean esa información sobre un muchacho en un instituto de Castilla y León, que con el móvil fotografió, sin ella saberlo, a una compañera haciéndole una felación, sólo para mostrarla a sus compañeros machos.