¿OS HABÍAN dicho que el gran reto de este nuestro reino llamado Galicia era el de la modernización. Por eso nos ilusionamos con equipararnos a otros reinos españoles y también europeos y poder mirarles de igual a igual. Estuvimos soñando con que la competitividad dejase de ser la gran asignatura pendiente para quienes históricamente miramos al horizonte con una corta ambición. Comprobamos también que la modernización era un compromiso recogido en todos los programas y manifiestos de las fuerzas que tratan de gobernarnos en los próximos años. Así que nos imaginamos lo mejor, porque nos estuvieron alertando de la necesidad de ponernos al día, de arriba abajo: la sociedad, la sanidad, la educación, la administración, las comunicaciones y la cultura. Nos prometieron hacer de este solar un país moderno y competitivo. Y hasta se comprometieron en darnos un porvenir renovado. Cuando estábamos tan felices soñando y fantaseando con un país de futuro, a algunos se les ocurre ir a Silleda y al regreso nos piden que pensemos «como el paisano gallego». Y allá se nos van los sueños. Porque ante tal propuesta, uno no puede por menos que ponerse en el lugar de cualquier hombre de nuestro rural. Es cierto que entrañable y fundamental personaje en nuestra historia reciente, y al que respetamos muchísimo, pero que ya forma parte del pasado. Ese paisano gallego que hoy está más preocupado por el subsidio que por la globalización. Así que sólo ahora comprendemos que lo que nos piden es que nos olvidemos de hablar de futuro y empecemos a pensar en pasado. Que nos dejemos de tantas nuevas tecnologías, tanta sociedad de la información y tanta banda ancha y que nos preocupemos por ser sumisos y obedientes. Porque así siguen entendiendo la modernización algunos de los que quieren guiar este reino.