ALGO GRAVE ocurre en una sociedad que envejece de modo alarmante y que, mientras se muestra incapaz de crear las condiciones para que empiecen a cambiar unas estadísticas de natalidad clavadas en el fondo de los medidores mundiales, asiste impávida cada fin de semana a la muerte de decenas de jóvenes en accidentes de madrugada que jamás debieron producirse. Y tan siquiera es capaz de convertir tal situación en eje del debate de una inacabable campaña electoral que parece centrada en lograr imágenes ideales de los candidatos y en ver quién es capaz de congregar a la mayor multitud de enfervorizados seguidores.