SADAM Husein en calzoncillos. La imagen la sirvió el jueves el periódico sensacionalista The Sun como símbolo del sátrapa humillado, despojado no sólo del poder, sino de la dignidad. Analizada la imagen, en la que el dictador exhibe una forma física nada desdeñable, se deduce que el atentado contra la intimidad reside más bien en el modelo de ropa interior que luce el iraquí y que evidencia que, al margen de otras consideraciones, Husein no era el hombre llamado a modernizar Irak. Porque del modelo de calzoncillos que usan sus líderes se puede deducir el grado de desarrollo de un país. En España nos vinimos abajo cuando el ex director general de la Guardia Civil, Luis Roldán, fugado ya para intentar sortear sus originales tropelías, se asomó a las páginas de Interviu en lamentable solaz con un grupo de señoritas y muñecos hinchables con forma de delfín. Lo más ridículo de aquella escena era, sin duda, el modelo de calzoncillos con topos tipo disney que el casi ministro del Interior exhibía en aquel histórico reportaje. La pretensión de convertirnos en un país glamuroso se vino aquel día abajo. El jefe de la Guardia Civil no sólo era un chorizo, sino que tenía un gusto lamentable. Lo más inquietante era, no obstante, sospechar que las ridiculeces de Roldán podían no ser sólo una chafallada intransferible sino una tendencia colectiva que afectaba a nuestros gobernantes. Por cierto, ¿cómo andará de talante el ropero de los actuales dirigentes?