LOS FRANCESES, que son unos tipos muy serios y bastante eficaces, decidieron el lunes pasado no hacerle caso a su Gobierno, que había decidido afanarles un día de trabajo para, con los rendimientos económicos de esa jornada pour la visage , mejorar la atención a los ancianos. Pero ellos, que tienen un alto concepto de lo público, le contestaron que ya pagan bastantes impuestos y que eso de la solidaridad no puede ser una excusa que valga para todo. Para todos aquellos que suelen vituperar a nuestros vecinos del norte a cuenta todavía de la quema de camiones de fruta, no está de más recordar datos como que su renta per cápita es un 40% mayor que la nuestra, que su proporción de librerías por habitante es tan llamativa como la nuestra de bares por barba; o que su selección de fútbol lo ha ganado todo y la nuestra nada, por citar tres datos de diversa índole social sin hacer mucha sangre. El caso es que la sociedad francesa es un ente que piensa y decide y que ahora, por lo que se ve, no está muy por la labor de aprobar esta Constitución Europea tan fantástica en la que se habla tanto de economía y tan poco de las personas. Así andan de acongojados Chirac y compañía, preparando festivales para convencer a sus administrados de que no es necesario tener tanto criterio, que lo que importa es la unidad de Europa. Pero, como en el tema de la jornada por la solidaridad, en Francia se oye decir: «Va a seg que non».