A NUEVE DÍAS del referéndum francés sobre el Tratado Constitucional Europeo, el no figura en cabeza de una reciente encuesta, con el apoyo de un 53% de los votantes que han decidido acudir a las urnas el próximo día 29. Una situación peor que la que ofrecía la misma encuestadora (TNS-Sofres) el pasado día 6, que situaba al no en el 51%. La evolución parece situarnos ante la paradójica expectativa de un rechazo de Francia a la Constitución que ese mismo país impulsó, apadrinó y redactó. ¿Hay posibilidades de que la situación cambie? La esperanza está en ese 25% de indecisos que todavía pueden inclinar la balanza a favor del sí , sobre todo si la izquierda (donde más rechazo se acumula) deja de escuchar al veleidoso y oportunista Laurent Fabius, que sólo busca ser candidato socialista a la presidencia, y decide dejar para mejor ocasión el castigo al presidente Jacques Chirac. Porque lo cierto es que estos elementos (la demagogia del ambicioso Fabius y el rechazo que despierta Chirac) están condicionando el proceso de un modo decisivo. Lo que está ocurriendo nos da la razón (que no quisiéramos tener) a quienes sosteníamos que la Constitución debería haberse elaborado y aprobado antes de la última ampliación comunitaria. La desgana con la que ésta se hizo y el temor que existe ante las que se puedan hacer en el futuro están endiablando el panorama y fraguando un cierto europesimismo en el momento menos indicado. Son muchos los franceses que creen que votando contra la Constitución están frenando la deslocalización empresarial, defendiendo la Francia social y paralizando la entrada de Turquía en la Unión Europea. Y no será fácil convencerlos de lo contrario. Para colmo, también en Holanda apunta una victoria del no en la consulta prevista para el 1 de junio. Aunque no vincula al Gobierno (la decisión la adoptará el Parlamento), no hay duda de que se tendrá en cuenta su resultado. El aumento de la inmigración y la entrada de Turquía están también en el discurso del no . La UE avanza a trancas y barrancas, y no es nada fácil vislumbrar el final del proceso constitucional.