POR UN MOMENTO llegué a creer -¡qué susto, madre!- que Fraga se había ido a Argentina y Uruguay por motivos electorales. Touriño y Quintana también creyeron lo mismo, e incluso acusaron al presidente de hacer beneficiencia a cambio de votos. Pero ahora sé, por declaraciones del propio Fraga, que estábamos equivocados, que nuestro presidente jamás utiliza recursos públicos para hacer campaña a su favor, y que esas reuniones de once mil gallegos, con mesa y mantel pagados, sólo están destinadas a debatir la diferencia que hay entre los actos administrativos y de gobierno, y la incidencia que tienen ambos conceptos en los procesos de la jurisdicción contencioso-administrativa. Ahora entiendo también el papel institucional de la Televisión de Galicia. Porque, gracias a su generosa retransmisión de los discursos pronunciados por Fraga en la Galicia transatlántica, cualquiera puede saber que allí no se habló para nada de elecciones, y que todo el esfuerzo de nuestro presidente estuvo encaminado a responder a las preguntas que le hacen aquellas buenas gentes sobre el futuro de nuestra patria, el funcionamiento del Consello de Contas y la ilusionante posibilidad de viajar en AVE desde Vigo a Redondela. Lo que más curiosidad despierta en Argentina y Uruguay, por lo que a mí me cuentan, es esa idea de la Super-Galicia que Fraga esbozó en una de sus conferencias de acá , cuya realización espera completar en un período de veinte años. Así se explica que el propio Fraga, que no es nada vanidoso, se viese obligado a aclarar que todavía se siente joven, mientras otros son perfectos viejos con treinta años menos. A los políticos que están en la oposición les gusta tocar la gaita mientras los gobernantes gobiernan. Por eso me alegra mucho comprobar que también el vicepresidente Barreiro vigila nuestros intereses cuando Fraga está ausente, y que, después de una hábil investigación que a nadie se le había ocurrido, logró descubrir que Touriño y Quintana quieren gobernar, y que, en vez de concurrir a las elecciones para salvar a Galicia, se presentan para ganar. ¡Qué desfachatez! ¿Desde cuándo se hacen elecciones democráticas para ganarlas? ¿Acaso no saben que la oposición está para oponerse, y que para gobernar ya está el Gobierno? Galicia es un país muy difícil y desconfiado, donde es suficiente que el presidente se reúna a cenar con 11.000 galaico-argentinos para que la gente empiece a sospechar que les pide el voto, y donde los políticos de oposición, que siempre fueron oposición, aspiran a ser Gobierno. Pero todo esto cambiará en la noche del 19 de junio. O dentro de veinte años, cuando la Super-Galicia, soñada por Fraga, se haga realidad.