Anónimos

J. C. ORTIZ

OPINIÓN

LA libertad en Internet está bajo sospecha. Ya andan reclamado un carné de identidad para teclear frente al ordenador y acabar con la impunidad en el ciberplaneta. Pedro Farré, abogado de la Sociedad General de Autores, ha dicho en unas jornadas sobre periodismo digital que «igual que se necesita una licencia para conducir, tendrá que haber una identificación necesaria para navegar por Internet». El objetivo, dice el experto, es erradicar el anonimato en el ciberespacio y poner nombre y apellidos a sus inquilinos. La obsesión por fichar al personal no es nueva. Comienza en la Europa de entreguerras y llega a España en los años cuarenta. Los primeros en imprimir su huella dactilar en el DNI patrio fueron los presos y los que estaban en libertad vigilada. En 1951, el carné se extendió a toda la población, que acabó por circular por el país con una cartulina en el bolsillo en el que se incluía la profesión, el estado civil y hasta el grupo sanguíneo. A partir de 1985, la información se limita ya a lo básico, pero todo parece indicar que el nuevo DNI electrónico que se pondrá en marcha en España volverá a incluir muchos más datos que el nombre del padre y la madre del portador. La fiebre por identificar al personal ha llegado incluso a Gran Bretaña. Blair pretende fichar a todos sus conciudadanos, históricamente alérgicos a este tipo de documentos. Con el tiempo, ningún habitante del planeta se librará de tener que demostrar quién es a través de una cartulina.