LA GÁRGOLA

17 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ELLA, de 14 años, iba camino de clase. Adolescente, se cruzó con su noviete. ¿Cómo se saludaron? Con un abrazo. Lo normal, supongo. Pero eso lo supongo yo. En otros lares no suponen igual. La cosa cambia. Tanto que la niña, Gazz Altomare, dio con sus huesos en una comisaría de Oregón. ¿Robó un banco? ¿Es una asesina en serie? ¿Le hurta datos al fisco? No. Le dio un abrazo a su novio en el colegio. «Tratamos de crear un ambiente que se centre en el aprendizaje y aprender buenos modales es parte de eso». Lo dijo el director del centro. Es la excusa. Simple. Absurda. Ridícula. En Michigan hay una empresa de suministros médicos. Weyco. Y allí no se puede fumar en las oficinas. ¿Todo normal? Sí. Pero sólo hasta aquí. Porque ahora, los que mandan en Weyco han decidido meterse en el salón, la cama y hasta en el retrete de sus empleados. ¿Para qué? Para que no enciendan un cigarro. Toda su plantilla debe hacerse chequeos para saber si alguien está enganchado a la nicotina. Bolsos y carteras pueden ser registrados para encontrar peligrosos objetos, como un mechero. Si se demuestra que el currante ha fumado la empresa se reserva el derecho a despedirlo. Cosa que ya ha hecho en algunos casos. ¿Dónde están Oregón y Michigan? En Estados Unidos, claro. ¿Dónde iban a estar? Si va usted por allí tenga cuidado. No fume. Y no abrace a nadie. Por lo que pueda pasar. ¿Y eso de la tierra de las libertades? Una forma de hablar.