Fangoria


NO SÉ si deriva de fango o de fan, que intuyo apócope de fanático, pero dadas las circunstancias mejor sería rebautizar lo que queda de España Fangoria , de tan sonora y exitosa consonancia entre la exquisita progresía. Porque ya no hay prácticamente nada de lo que atañe a la dignidad patria que no sea arrastrado con regodeo por el lodazal. Ayer, el honor del país al abandonar a nuestros aliados en el campo de batalla; hoy, la memoria de los muertos caídos inútilmente defendiendo la democracia; mañana, la soberanía regalada a los vecinos (¡ay, aquel « freedom for Catalonya » y esta nueva francofonía!). Y cuidadito con rechistar ya que si el espectáculo nos desagrada (y lo decimos) de inmediato nos tachan de «dereita enferma» , como clamaba el otro día un bendito subvencionado. Vaya en su descargo que, ante las próximas elecciones, los expertos en lengüecillas apesebradas andan muy excitados, si bien siguen sin salir de la aburrida mediocridad de rumiantes esgrimiendo hasta el bostezo ajeno el pasado de Fraga. Sí, señores, todo un programa: Fangoria contra Fragloria . Pero si el discurso del nacionalismo en Galicia es para bostezar, lo que urden en Madrid los socialistas es para llorar. Y es que a los de la movida izquierdista la derecha los mata y ETA los resucita.Suena grandilocuente y a mitin decimonónico decir que el fango por el que arrastran los harapos de España, ese país en el que el terrorismo siempre obtiene lo que exige, está amasado con muchas lágrimas y sangre pero no veo a cuento de qué convendría olvidar ahora a nuestros caídos. Los tengo tan presentes que algo de razón tendría quien me tratase de «dereita enferma» toda vez que me pongo malo por tamaña cobardía, bajeza, zafiedad. Y no es que los de derechas seamos más valientes, altivos e inteligentes que los otros pero en general somos más sinceros y lúcidos en la adversidad: la Humanidad está podrida hasta la médula y lo asumimos. Por eso hay santos y jefes: en el corazón del caos asumen el sacrifico por el resto de la especie. De nada sirven las soluciones de facilidad recurriendo al buenismo y al angelismo, que son, en último término, formas de deshumanizarse, de travestirse en avestruz. En democracia la única bondad política que cabe es la que permite la ley. ¿Cumple ETA la ley? Me temo que no. Por tanto, el diálogo sobra. Digo yo. ¿Negocia acaso el Gobierno con los maltratadores? El terrorismo ha vencido a los socialistas. Salvo, evidentemente, que no se deba considerar a los etarras verdaderos enemigos sino hijos pródigos del nacionalismo vasco, echados al monte, los pobres, por los embates liberticidas del nacionalismo español. Desde esta perspectiva, los nacionalismos periféricos no son los enemigos de España, mas del fanatismo españolista, obsesivamente vertebrador, macerado en las redomas del franquismo. En este sentido, la lógica de la negociación es implacable e imparable: la derrota del nacionalismo español, intrínsecamente franquista, conlleva la desaparición de ETA. Puestas así las cosas, qué quieren que les diga. Pues que a pesar de la muy alta valía de mis numerosos amigos socialistas afirmo que el PSOE ha caído en manos de gente que no es de fiar, carente de dignidad, con el poder como única meta, dirigido ruinmente desde un grupo mediático cuyo objetivo es convertir a España en su empresa.

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