LA MOCIÓN presentada por el PSOE para que los diputados avalen una posible negociación con ETA supone una absoluta rectificación de la política realizada en el País Vasco en los últimos años. También implica, en su trasfondo, una abolición efectiva del Pacto Antiterrorista, aunque una hueca palabrería, de naturaleza táctica, impida certificar su defunción. Por eso cabe exigir que ni el Gobierno ni la inmensa caterva de comentaristas que se han caído del caballo en el camino de Damasco se muestren escandalizados por las posiciones radicales que mantiene el Partido Popular. Lo que dice el líder de la oposición sobre la Ley de Partidos y la necesidad de aislar el terrorismo es lo mismo que dijo el PSOE hasta hace tres meses. La frase «intolerable» que Rajoy no quiso retirar del diario de sesiones, y que ZP está dispuesto a olvidar, no es nada distinto de lo que el PP y el PSOE dijeron sobre Ibarretxe, sobre Carod-Rovira o sobre el sursum corda , para alimentar la estrategia electoral constitucionalista. Y la idea de que mientras hay terrorismo no hay política, y que añadir o quitar una tilde al Pacto Antiterrorista era como una traición a los muertos, fue considerada como dogma de fe por todos los conversos que ahora se rasgan las vestiduras con el discurso de Rajoy. Por eso pido que los que tengan que cambiar lo hagan amodiño, y que nadie interprete como una genial visión de Estado estos quiebros de última hora que, lejos de garantizar mejores soluciones, parecen alentar un peligroso aislamiento del PP. La moción que el Congreso aprobará mañana tiene dos errores de bulto, ya que, si poco sentido tiene trasladar al Parlamento una decisión de naturaleza ejecutiva, peor parece que dicho acuerdo se adopte sobre fundamentos hipotéticos que ETA maneja a su antojo y con argumentos amasados en dinamita. Por eso carece de sentido esta repentina y multitudinaria adhesión a un modelo negociador que respira euforia e improvisación por los cuatro costados. Si la negociación es útil para la paz, en modo alguno debe quedar supeditada a condiciones objetivas que sólo puede administrar ETA. Y si la negociación se reduce a una escenificación de la victoria policial sobre ETA, cuando el cese de la violencia sea total y definitivo, resulta absurdo sentar a los criminales en una mesa oficial que los meta en la historia por una puerta tan gloriosa. Siempre creí, y sigo creyendo, que el tramo final de ETA será negociado. Pero esa negociación no será exitosa si la controla ETA y si margina a la oposición. Por eso hay que rectificar con más suavidad y prudencia la vieja política, dejando atrás a Acebes y a Mayor Oreja, pero llevando del brazo a Rajoy y al PP.