RESULTA repugnante la mentira del ciudadano catalán Enric Marco en relación a su pasado en un campo de concentración nazi. Repugnante por lo que tiene de estafa moral e histórica; por el daño irreparable a quienes de verdad tuvieron que sufrir aquel horror, repugnante por el hedor mismo que expele la repugnancia. Puesto que la vida es testaruda, sería bueno que, por una vez, su mentira nos fuera útil. Terroristas de la verdad los ha habido siempre, cierto, al igual que circunstancias de la vida inventadas por quienes desconfían de que lo verdadero sea aceptable, y si me apuran, un día tonto lo tiene cualquiera. Pero este individuo fue condecorado por su sufrimiento y el de sus compañeros por los máximos representantes de la nación entre otras muchas autoridades. Hay quien dice que no debemos rematar a este pobre loco. No lo sé. Lo que me consta es que ninguna autoridad presta a condecorar, revisó su pasado para evitar el ridículo y el mal. Lo cierto es que aquí ya se coló un falso currículo ejemplar del ex ministro encarcelado, Roldán. Lo que sabemos es que los que sobrepasan los cincuenta años, dicen que fueron férreos luchadores antifranquistas y condecorados por su aportación a la revuelta del mayo francés de 1968, de modo que en nuestro país sólo había barricadas en lugar del seiscientos. Tampoco nos pasa desapercibido que hay empresas especializadas en inflar currículos a jóvenes inexpertos y ansiosos de cualquier trabajo; que hicimos doctor honoris causa a Mario Conde; que de la mentira sacan millonarias ventas esos vividores sin escrúpulos que cuentan vidas propias y ajenas en programas de televisión ante los que quedamos encandilados; que mentir es un valor social en alza desde el momento en que algunos padres regalan encantados a su encantadora niña una operación de busto, cara o culo en cuanto cumple los dieciocho años, que muchas autoescuelas se apuntaron al timo del examen con chuleta vía móvil; que el amiguismo está por encima, muy por encima, del valor y el esfuerzo personal aunque implique competencia desleal; que las elecciones sirven para que algunos publicitarios ganen millones con asuntos de imagen y de confección de promesas jamás cumplidas y que este país es una gran Operación Triunfo de mentiras de diseño. A no ser que lo cambiemos.