¿A dónde va Mariano?

OPINIÓN

SI ES CIERTO eso de que Mariano y sus pavorreales tienen una estrategia para hacerse con el centro político, la verdad es que lo disimulan bastante bien. Porque después de los discursos incendiarios que el líder lanzó estos días desde la tribuna del Congreso, lo que entendemos por el centro les queda ya en lontananza. Y por la izquierda. Visto lo visto, visto que ya hablamos de confrontación, de consenso irrecuperable, de las dos españas y de frentepopulismo, nunca está de más alertar a Mariano de la peligrosa senda en la que acaba de entrar. Y de la difícil salida. Porque hasta ahora teníamos por costumbre que la crispación la pusieran Acebes, Zaplana y Pita. Pero Mariano, precisamente Mariano, no. Podemos entender que Mariano esté rebotado porque a los comunistas de los pueblos vascos los haya legalizado su partido, con advertencia, por cierto, de uno de sus altos cargos. También que no le guste que los socialistas sigan el manual usado por el PP en las negociaciones con los terroristas. Entendemos incluso que Mariano esté molesto porque un presidente de su partido se abrace al régimen castrista. O porque el otro ande por libre. Comprendemos la desazón de Mariano al ver los resultados de las encuestas en Galicia. Y al saber que sus colegas le han pedido a Rato que se vaya planteando tomar las riendas del partido. Hasta entendemos su amargura por tener como presidente de Gobierno a quien no hace otra cosa que decir sí, pero no, aunque ya veremos. Pero lo que Mariano tiene que entender es que los que no tenemos el gusto de ejercer de palmeros, tampoco tenemos que soportar sus frustraciones, ni sus afrentas carpetovetónicas. Y hemos de hacerle ver que, por la senda que ha tomado, corre el riesgo de tener que dedicarse a la siempre noble labor de hacer oposición hasta en el más allá.