La Nación debatida

OPINIÓN

12 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

NO SE DEBEN esperar milagros de los Debates del Estado de la Nación. Ni milagros ni grandes novedades. Sólo desde esta vertiente de moderadas expectativas se puede sostener que las sesiones parlamentarias de ayer y anteayer han sido notables, incluso apasionantes y ocasionalmente clarificadoras. La confrontación dialéctica entre Zapatero y Rajoy no ha dejado de ser algo previsto y anunciado, aunque su escenificación haya tenido más dureza de la esperada. Rajoy expuso con claridad lo que pensaba y Zapatero le respondió con similar contundencia, manteniendo espacios de discreción y prudencia que desde la posición de Gobierno no son siempre prescindibles. Lo que me ha resultado más llamativo ha sido el afán de situarse mútuamente en el pasado. Así, mientras Rajoy ha acusado a Zapatero de «avanzar con paso firme hacia el pasado», enfrentando a los españoles y rechazando la reconciliación alcanzada en 1978, el presidente del Gobierno responsabilizó al líder de la oposición de provocar el «retroceso de la derecha a antes del año 1977», nada menos. Es una forma como otra cualquiera de disputarse el futuro, pero mejor sería hablar directamente de él, en vez de merodear tanto por los tiempos pretéritos. Por lo demás, el pacto antiterrorista tuvo un gran protagonismo. Pero se equivocan quienes han interpretado las intervenciones en clave de ruptura. Quedó clara la desconfianza mútua, que hará difícil mantenerlo en sus actuales términos, pero la realidad es que no se ha pasado de las duras advertencias. Zapatero dispone de una gran capacidad de maniobra para buscar el final del terrorismo, aunque el PP (Rajoy dixit ) no permanecerá callado en ese proceso. La verdad es que ni Zapatero ni Rajoy se fían de ETA y los batasunos. Pero es al presidente del Gobierno al que le toca lidiar, mientras que los populares parecen dispuestos a ver los toros desde la barrera. Los otros debates no han estado exentos de interés y de pasión, pero las novedades escasearon, aunque algunas afirmaciones de Zapatero sobre la financiación autonómica resultaron muy oportunas. Por necesarias.