Dictado febril

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |

12 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

KAFKA cree que escribir es una relación febril, sin descanso, absoluta, entre autor y obra. Lo demás es mentira. Lo apunta una y otra vez en sus diarios. Nace la máquina de escribir, pero la desecha: «La máquina no es lo suficientemente veloz. Tengo tanto que decir». La escritura como excitación o sobreexcitación. Roberto Bolaño decía que escribía en un cuarto sin calefacción porque sabía que las manos se le calentaban solas si lo que estaba narrando era auténtico. Hace días murió Roa Bastos, el paraguayo que también creía que sólo se podía escribir cuando era imposible hacer lo contrario, algo casi fisiológico, un llamado. Kafka le da la mano a Bolaño, a Roa. Onetti se suma. Decía que la suya era una relación de amante con la escritura. Escribía cuando las ganas lo consumían. Denunciaba que había otros escritores profesionales cuya relación con los libros era matrimonial, de pareja oficial, con horario. Bolaño, Roa y Onetti siempre miraron de reojo a Vargas Llosa, que se jacta de escribir como un oficinista de ocho a tres y punto. Me quedo con los primeros. Escribir: un dictado de lo real maravilloso. Igual que los versos libertarios luminosos de Lorenzo Varela, unha chea de agarimo. cesar.casal@lavoz.es