11 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

NO MÁS trifulcas. No más pataleos, ni más discusiones. Aceptamos todo lo que nos quieran contar, en aras del sosiego. Estamos dispuestos a asumir los argumentos con los que tratan de defenderse. Si en su momento soportamos que nos dijesen que el chapapote no era chapapote, que era plastilina, o que nos lo habíamos sacado de la manga y que nuestras costas estaban esplendorosas, admitimos hoy que nos traten de convencer de que aquí todo hijo de vecino se está dejando los dientes por sacar a Galicia adelante. Porque, sabiendo lo que sabemos, para qué discutir. Aceptamos lo que nos echen. Al presidente Rodríguez Zapatero no le ha temblado la voz al decir ayer, desde la tribuna del Congreso, que su Gobierno cumple los compromisos con Galicia. Que actúa con realidades y no «con dibujos en el aire». Estaba pedagógico el presidente. Si no fuera porque sabemos lo que se ha avanzado en esta tierra desde su llegada a La Moncloa, lo mismo nos lo creíamos y nos íbamos a la cama con la sensación de que, gracias a ellos somos unos afortunados. Tampoco le salieron los colores a Mariano en el momento de reprochar que ellos sí que hicieron cosas aquí. Tantas que se permitió acusar a los de ahora de «insultar a los gallegos». Deben de estar Mariano y los suyos muy preocupados por si se nos insulta, preocupación que, después de lo que nos ha llovido, es muy de agradecer, pero de la que no precisamos, porque en esto de los insultos tenemos ya una larga experiencia. Ellos lo saben bien. Así que también es mala suerte. Para una vez que Galicia logra estar en el Debate del Estado de la Nación, van y nos empiezan a contar unas cosas que dan risa. Aquí parece que nadie duerme preocupado por nuestro futuro, cuando los que no dormimos somos nosotros, alarmados por el porvenir que nos espera. Sobre todo después de escuchar tamañas majaderías.