Un novo aldraxe

ANXO GUERREIRO

OPINIÓN

SI EL PARTIDO Popular revalida la mayoría absoluta el próximo 19-J, Galicia será utilizada como fuerza de choque contra las reformas constitucionales y estatutarias previstas por el Gobierno que preside Rodríguez Zapatero. Ésta es la traducción a román paladino de la penosa intervención que Mariano Rajoy realizó el pasado domingo en Santiago con motivo de la proclamación de Manuel Fraga como candidato del partido conservador a la presidencia de la Xunta. Desgraciadamente, la postura de Rajoy no es una novedad en nuestra reciente historia. Algo parecido a lo que defiende el presidente del PP ya se pretendió poner en práctica al comienzo de la transición a la democracia, cuando la derecha intentó utilizar a Galicia como freno del proceso autonómico. La idea dominante entonces en los círculos de poder consistía en reconocer el derecho a la autonomía política a Cataluña y Euskadi y reconducir el resto del proceso a una mera descentralización administrativa que limitara el alcance de la inevitable reforma del Estado. El esquema diseñado hace 25 años no sólo negaba a Galicia su derecho al autogobierno, sino que le asignaba el triste papel de servir de modelo de las autonomías de segunda clase. Los estrategas de aquella operación albergaban la esperanza de que Galicia, con una UCD mayoritaria y subordinada al poder central, con una AP reticente con las autonomías y un nacionalismo radicalmente enfrentado al Estatuto, podría ser fácilmente instrumentalizada para imponer su restrictivo modelo. Contrariamente a lo que esperaban sus promotores, aquella lamentable iniciativa fue considerada como «un aldraxe» por la sociedad gallega, que salió masivamente a la calle protagonizando las mayores manifestaciones políticas de la historia del país, gracias a las cuales Galicia evitó su marginación y conquistó un Estatuto de Autonomía similar al vasco y al catalán. Recordar el pasado nos permite ver la dirección y la magnitud de los cambios subsiguientes. Hoy, un cuarto de siglo después, Galicia disfruta de un importante poder político, legislativo y presupuestario; la conciencia de país ha crecido exponencialmente y el deseo de autogobierno ha dejado de ser patrimonio de minorías ilustradas para ser asumido por el conjunto de la ciudadanía. Es cierto que, en el nuevo contexto político, no sabemos cómo piensa defender nuestros derechos de nacionalidad histórica un gobierno de coalición formado por socialistas y nacionalistas; pero gracias a Rajoy sí sabemos a ciencia cierta que, con una nueva victoria de Fraga, Galicia corre el riesgo evidente de vivir «un novo aldraxe». No parece que el evanescente presidente popular haya asimilado las duras lecciones de la historia.