Medios y accidentes

IGNACIO RAMONET

OPINIÓN

HACE un tiempo tuve el placer de contemplar, en París, la exposición que Paul Virilio hizo sobre el tema del accidente en la Fundación Cartier. Ahora he podido ver la exposición Seducidos por el accidente , basada en un tema semejante, que presenta, hasta el 19 de junio, la Fundación Luis Seoane en A Coruña. Virilio tuvo la idea de su exposición cuando unos japoneses vinieron a pedirle que fuese el conservador de un museo de nuevo tipo: el museo del accidente. Un museo donde la gente pudiese ver, por ejemplo, a escala real, el hundimiento del Titanic , o el terremoto de San Francisco, o los atentados del 11 de septiembre. Una especie de inmenso Disneyland del accidente. Parecía un poco morboso, pero como los japoneses viven expuestos al terremoto, el hecho de ver otras catástrofes, y poder analizarlas constituía una educación a lo que podríamos llamar la accidentología. En una película de David Cronenberg, Crash, los personajes sienten una verdadera seducción por el accidente. Es una pulsión casi sexual, ya que sólo pueden tener relaciones con personas que han padecido accidentes de coche y que tienen el cuerpo cubierto de cicatrices. Hay una secuencia que tiene que ver con esa idea japonesa. Los personajes forman una especie de sociedad secreta que, en cuanto oyen hablar de un accidente de carretera, acuden al lugar para ver a las víctimas, se pasean por el accidente como uno se pasea por una instalación artística, admirando cada detalle. Ese club secreto recrea, como una obra de teatro, en lugares más o menos discretos, los accidentes mas célebres como el de James Dean, que se mató a bordo de un Porsche : utilizan un vehículo idéntico, y hasta hay una grada desde donde los espectadores-mirones pueden asistir a la reproducción exacta del choque que, además, produce de nuevo muerte. La película de Cronenberg (adaptada de una novela de J. G. Ballard), como la exposición de la Fundación Seoane, constituyen reflexiones sobre esa fascinación. Cada uno de nosotros está bastante subyugado por los accidentes. Desde el comienzo de la información de masas es digno de noticia sólo aquéllo que sale de la norma, aquéllo que rompe con lo habitual, con lo ordinario, con lo que es repetitivo. Los medios definen como información todo lo que sale de lo corriente. Sólo lo que no es normal es noticia. Por eso, la información tiene un carácter que podríamos calificar de teratológico. La teratología es la ciencia que estudia lo monstruoso. Y la información, en realidad, tiene que ver con la teratología porque las informaciones, en general, hablan casi siempre de lo que resulta anormal. En las escuelas de periodismo se enseña que si un perro muerde a un cartero eso no es noticia, pero un cartero que muerde a un perro eso sí es noticia. Por eso, todo accidente tiene vocación natural a acceder a la información. Y lo mismo ocurre con la violencia en general. Ésta, de modo casi ontológico, se convierte en información. Por eso todo lo que rompe la normalidad en la vida de un país es informacion: un cataclismo, un naufragio, una insurrección, un atentado, un golpe de Estado, una guerra... Que son yacimientos de drama, de muerte, de sangre, de sufrimiento. En la vida de un individuo, lo normal y lo patológico -la buena salud y la enfermedad-, alternan. Mientras que, en la vida de una sociedad, los medios sólo se interesan por lo patológico. Una sociedad con buena salud es silenciada por la información.