EL ARTÍCULO de Roberto Blanco Valdés El nuevo Papa y sus gigantes (La Voz, 20 de abril) es, como todos los suyos, sugerente y crítico, pero en este caso escaso por lo que a la valoración del relativismo rechazado por el nuevo Papa se refiere. Afirma el profesor: «La realidad es que no hay más principios absolutos que los principios relativos». Probablemente sea cierto, aunque con muchas matizaciones. Hay muchas personas que luchan por que se extiendan e incrementen valores como la solidaridad, la libertad, el respeto y el cuidado a los otros, en atención no a que sean fruto de un consenso conseguido en un tiempo y en un lugar dados, sino por el carácter de universalidad y perennidad que representan. Por lo demás, lo que debe hacerse (cuestión de la filosofía moral) no coincide con lo que de hecho se hace (cuestión de las ciencias sociales y políticas). En la filosofía moral, generalmente se admiten como postulados rechazables tanto el dogmatismo que impone valores por encima de los desiderata humanos, como el relativismo que incurre en un sociologismo que confunde lo deseado con lo deseable, lo valorado con lo valorable . El Papa tendría razón si el relativismo prevaleciente no pudiese ser remediado más que mediante el recurso al dogma católico. Por el contrario, toda la moral, incluso la moral católica, ha de ser examinada por la filosofía moral, que nos indica, a través de los siglos, los valores dignos de ser cultivados. Causar sufrimiento gratuito es siempre malo. Procurar el bienestar y el desarrollo humano es siempre bueno. Existen, por supuesto, normas secundarias y valores derivados que varían con el tiempo, e incluso que deberían variar. Pero por debajo, y por encima, hay valores y principios, como el amor a los demás, exigidos por la moral filosófica desde por lo menos Platón en el siglo IV a. de C. No se trata de reevangelizar Europa, sino de un rearme moral del viejo continente (las iglesias incluidas). Es preciso no utilizar a un Dios-amor para prohibir el uso del inocente preservativo o de los anticonceptivos en general. Es un precepto ético, impuesto por la ilustración humana, averiguar si el Dios que se nos ofrece es bueno , de acuerdo con lo que nuestros sentimientos imparciales y nuestro intelecto nos dictan, o si simplemente lo que Dios manda es bueno más allá de lo que nuestros razonamientos y sentimientos nos recomiendan. Entre el dogma religioso y el derecho positivo se encuentra el fecundo mundo de la reflexión filosófica que, en general, concluye que hay cosas que valen más que otras por la simple y no pequeña razón de que se adecuan mejor a los sueños, deseos y razones que derivan de la condición humana. Lamentablemente en este mundo que nos toca vivir no tenemos tiempo ni ocio más que para correr apresurados tras los avances tecnológicos, sin poder dedicar ni un minuto a la necesaria reflexión propia de nuestra condición humana, adhiriéndonos a los valores que se ofertan en las iglesas o los medios de comunicación, reflexión que nos lleve, como Piaget y Kolberg querían, de la moral heterónoma de los siervos a la moral autónoma de los ciudadanos.