La bolsa de Eolo

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

EL TRATADO de Kioto tiene también importancia en Galicia, que presenta un parque de generación eléctrica muy diversificado. La adjudicación y regulación de derechos de emisión provocada por la ratificación del Tratado hace que las compañías con centrales térmicas deseen comprar parques eólicos, además del propio interés del parque en sí mismo como generador. Esta presión de la demanda ha provocado un aumento de precios y con ello las protestas de los que opinan, más para tratar de desgastar al actual Gobierno autonómico que por razones técnicas, que la Xunta está favoreciendo una burbuja especulativa. Pero aunque sea perfectible, el Plan eólico de Galicia ha permitido un fuerte desarrollo del sector, que ha posibilitado también con criterios innovadores y de igualdad de oportunidades que algunos emprendedores puedan acceder a un negocio que siempre se consideró como un coto cerrado. Si la fiabilidad del sistema es muy importante desde el punto de vista social, económico y ecológico, también lo es permitir esa innovación que posibilite no sólo un efecto renta sino también redistribución entre entidades y localidades en la evaluación de la rentabilidad de proyectos. Y es que detrás hay esfuerzo y trabajo de agentes económicos e ingenierías. Quizás la parte menos transparente sea la más específica gallega: la de los parques eólicos singulares. En las que el autoconsumo tiene importancia y que pueden ser promovidas por un ayuntamiento, empresas o pequeñas distribuidoras según el autoconsumo asegurado. Pero el caso tiene algún parecido con el acontecido durante las primeras fases del desarrollo de la cogeneración en España, en la que existencia de estatutos de cogenerador muy favorables alentaron incluso la simulación de actividad, de modo que ciertas industrias decadentes se transformaron en pequeñas térmicas encubiertas. Pero también los compañeros de Ulises se equivocaron al abrir la bolsa de Eolo.