SÓLO la izquierda que convierte su progresismo en estética y la justicia social en márketing, es la única que no se ruboriza al hacer suya la máxima del más pago, más tengo recibir. Es incompatible la progresía con una teoría tan conservadora como la que puede sentir el que llegada la hora de hacer la declaración de la renta maldice la sanidad o la educación pública, porque él no la usa. Maragall está delante de su IRPF y maldice con su propuesta a los que no les dan votos, como los pensionistas gallegos que cobran 126 euros al mes menos que los catalanes, aunque hubieran dejado su vida laboral levantando Barcelona. Él está en su derecho de pedir más control del gasto público, pero no de elegir quién lo merece. O acaso Galicia decide el destino de la electricidad que produce.