TENÍAMOS poco con el Pacto Antiterrorista, y parió la abuela: alcaldes del PP deciden hacer la guerra por su cuenta contra los matrimonios gais. Hay una actitud de rebeldía que amenaza a los homosexuales con la fortuna de dejarlos solteros. El alcalde de Valladolid ha dicho que es católico antes que político y no efectuará una sola boda. Se suman el de Ávila y tenientes de alcalde y concejales de otras ciudades. Pone el colofón el de Pontóns (Barcelona), que considera al homosexual como una «persona tarada». Al ritmo que va la movilización, en pocos días todos los alcaldes del PP pueden estar en rebeldía. Sólo habrá una excepción segura, como siempre: el «verso suelto» de Ruiz-Gallardón, que casará al primer homosexual que vea por la calle con pinta de casadero. Si estas noticias llegan al cardenal Trujillo, que invitó a los funcionarios públicos a la objeción de conciencia, puede estar contento y brindar con vino de misa: su semilla ha prendido. ¿Y qué hará Rajoy, si todos los rebeldes son militantes de su partido? Rubalcaba le pide que «no se tape los ojos»; pero Rajoy, aunque su entusiasmo vaticanista sea muy descriptible, observa el panorama y se divierte. Nunca ordenará por escrito que avance la rebeldía, pero tampoco la detendrá: que se jorobe Zapatero. Sólo le preocupan palabras como las del alcalde de Pontóns, porque salpican la buena imagen del Partido Popular. El problema no es anecdótico. Tras él se esconde una cuestión de fondo: ¿puede un funcionario público alegar objeción de conciencia? No, porque está obligado a cumplir la ley. ¿Puede hacerlo un alcalde? Mucho menos, porque es, como apunta López Guerra, un poder público, y tiene que aplicar las leyes aunque no le gusten. Si objetar en conciencia fuese siempre legítimo, imaginaos las barbaridades que podríamos ver. Un consejero de Sanidad podría prohibir el aborto en hospitales públicos. Y un alcalde podría perseguir la venta de anticonceptivos, porque también son contrarios a la doctrina papal. No. Por esta vía, el PP hará mala oposición. Pero la tentación está ahí. Si todos los alcaldes del PP entienden que Rajoy es feliz con el boicot, esto va a ser una plaga. Y no hay un partido en el mundo a quien interese esa imagen de intolerancia. Porque desengañémonos: el escándalo de hoy sobre esos matrimonios, ¿sabéis qué será dentro de dos años, cuando pase la fiebre? Pura normalidad. Pero las emociones no han terminado. En este punto de la crónica, otro alcalde se suma a la rebeldía: Paco Vázquez, que anuncia que votará en contra en el Senado. Y ahí no hay imperativo legal que contradiga su conciencia. Como senador, debe cumplir la ley. Pero también la puede cambiar. O, cuando menos, la puede retrasar.