EL MINISTERIO de Sanidad y Consumo ha establecido un visado de inspección a la dispensación de antipsicóticos atípicos para pacientes mayores de 75 años. Según el Ministerio en esta decisión subyace sólo la necesidad de conseguir la mayor seguridad, dada la importancia de efectos secundarios cardiovasculares e incluso mortalidad para los ancianos. La psicosis aparece frecuentemente en el curso de la demencia y en el alzhéimer en particular. Representa una importante causa de sufrimiento para los pacientes y es origen de alteraciones conductuales que dificultan seriamente el cuidado y manejo de los enfermos. Es motivo de institucionalización y se asocia a un deterioro cognitivo más rápido y acusado. Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y la Sociedad Española de Psicogeriatría, este visado no tiene una clara justificación científica y sólo cabe entenderlo por motivos económicos (estas medicinas tienen un precio muy elevado), toda vez que la prescripción financiada de forma privada está libre de este control. Los antipsicóticos atípicos presentan un número menor de efectos secundarios y un mejor perfil terapéutico en síntomas cognitivos y depresivos que los tradicionales y no existen diferencias estadísticamente significativas en la presencia de accidentes cerebrovasculares entre unos y otros. Los antipsicóticos convencionales, sin embargo, están asociados a una mayor mortalidad global y presentan importantes efectos secundarios sobre los impulsos, los afectos y sobre la cognición. La seguridad de los antipsicóticos atípicos está contrastada científicamente, mucho más que la de los típicos, que fueron introducidos cuando las exigencias científicas y de las agencias reguladoras eran menores. Esta seguridad no es menor entre los ancianos. No existe ningún estudio que establezca la edad de 75 años como elemento diferenciador de un mayor riesgo. Establecer el criterio edad para la aplicación del visado es una postura claramente injusta y discriminadora. Y, en cualquier caso, si existen riesgos, la decisión de tomarlos debe dejarse al paciente y sus familiares tras un consentimiento informado. La implantación del visado empeorará la situación clínica y la evolución de los pacientes, aumentando su sufrimiento y la carga que experimentan los familiares. El visado sólo pone dificultades o impide la posibilidad de tratamiento a quienes lo necesitan.