24 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.
APENAS queda sierra gallega sin los penachos de perezoso giro de los parques eólicos. Los aerogeneradores han perdido el halo exótico de que gozaron en sus albores. Hoy ya han asumido su imagen más verdadera: un medio para explotar un recurso de todos cuya administración ponemos en manos de la Xunta, elecciones por medio. En estos momentos están pendientes de instalar otros tantos como los que observamos por doquier. Pero las eléctricas piden más. Apenas quedan tramos de ríos susceptibles de alimentar una minicentral. Las eléctricas piden más. Aquí lo más renovable no es la energía, es la codicia.