DE LOS POLÍTICOS podríamos afirmar lo que escribió Casanova de Voltaire, tras haberlo tratado con cierta asiduidad: que era más grande visto de lejos que de cerca. Los políticos también. No los de aquí o de acullá, los de este partido o los de aquel, sino todos con carácter general. Es suficiente con oírlos hablar cuando se saben en privado para concluir algo que, lejos de denigrarlos, los coloca en su lugar: que lo que les preocupa es, sobre todo, su futuro personal. Y es que, vistos de cerca, los políticos se muestran como lo que son en realidad: un grupo de profesionales que, al igual que los demás, tienen como objetivo primordial no ser privados de su oficio. Se me dirá que en esto no se distinguen de los modistos o de los fabricantes de vehículos: ni los unos ni los otros pretenden, desde luego, hacer la felicidad de sus clientes, sino sólo colocarles ropa y automóviles. Y es verdad. La diferencia es que los políticos, al contrario que los restantes vendedores, reclaman para sí la admiración de quienes supuestamente se dedican en cuerpo y alma al bien común. No estará de más recordarlo nuevamente, ahora que, como un alud, se nos viene encima otra campaña electoral. Los objetivos en ella del PP, del PSdeG y del BNG son en parte coincidentes -maximizar cada uno su beneficio electoral en detrimento de los otros- aunque los propósitos que con tal maximización tratan de obtener sean, sin embargo, muy distintos. Los dirigentes del PP pretenden mantenerse en el poder y darle, en él, a Fraga ese relevo que el presidente se tiene ya tan merecido; ello supondría, además, un empujón para Rajoy en su lucha sin cuartel contra el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Éste ansía, por su parte, y por idénticos motivos, hundir a Rajoy en una derrota que sería catastrófica para su liderazgo y su partido, y cuenta para ello con Touriño, que aspira a entrar por fin en San Caetano con sus huestes, aunque sea al precio de tener al BNG ocupando la mitad del edificio. En cuanto al Bloque, el objetivo de sus líderes es resistir y conseguir entrar en el poder de la mano de aquellos de quienes nunca se han fiado: los sucursalistas socialistas de Galicia. ¿Y Galicia? Pues Galicia es, simplemente, cuestión de los gallegos. Mientras Fraga, Touriño y Quintana se juegan en las próximas elecciones autonómicas su permanencia en la política -es decir, su profesión-, por lo que tratarán de evitar por todos los medios que los electores los mandemos a su casa, somos los electores los que hemos de votar pensando en el futuro de Galicia, tal y como cada uno lo entendemos. Ese es nuestro derecho. Y esa nuestra responsabilidad.