ENCARNA una vocación inequívoca de liderazgo en la Iglesia. A los cinco años ya quería ser cardenal. Y, si es auténtica la tarjeta postal que se le atribuye en Molinaseca (León), pueblo de gran tradición jacobea, ya hace años que se sentía llamado a ser el Papa Benedicto XVI. Quizá el Espíritu Santo, que es muy libre de manifestarse como y cuando quiere, se lo había revelado de alguna sutil forma que desconocemos. Los expertos dicen que representa la continuidad respecto de Juan Pablo El Grande . Y es cierto que estaba muy unido a él, pero también lo es que la fuerte personalidad del nuevo Papa probablemente abrirá surcos propios y novedosos. No sé si es verdad que con su designación se han alegrado mucho los del Opus Dei y muy poco los católicos de base, como se ha escrito, pero creo que ni unos ni otros deberían precipitarse. Ratzinger no va a hacer ninguna revolución pendiente, pero los que han leído sus libros (que no es mi caso) de brillante teólogo reformista aconsejan que sigamos atentos a la pantalla. Sin duda, continuará la gran labor de Juan Pablo II, pero él dirá hacia dónde, trazará la ruta y decidirá en qué se ha de poner el énfasis. Y esto puede no ser exactamente más de lo mismo. Ya lo veremos.