EL ABRAZO entusiasta del canciller alemán, Gerhard Schröder, al presidente ruso, Vladimir Putin, en el encuentro que mantuvieron en Hannover el pasado día 15 (en el que no medió ninguna crítica a los retrocesos democráticos promovidos por Moscú) dejó muy mal sabor en los países del Este ahora incluidos en la Unión Europea y en aquellos otros que esperan ingresar algún día. Ni una crítica hubo para el nuevo zar, al que todo se le disculpa en aras de intereses estrictamente económicos. Pero este miércoles se hizo público en Estrasburgo el informe sobre la verdadera situación interna en Rusia, elaborado por el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Álvaro Gil-Robles, y la realidad ha emergido como una vergüenza que simplemente no se puede ocultar. La vulneración de los derechos humanos es masiva, la xenofobia se multiplica de un modo alarmante, las desapariciones en Chechenia continúan, las discriminaciones de todo orden son habituales, los excesos policiales también, y la separación de poderes públicos es todavía una práctica casi desconocida... La Unión Europea se define como un espacio democrático en el que se defiende el Estado de bienestar y se promueve la defensa de los derechos humanos. ¿Se le olvidó esto a Schröder cuando estaba con Putin? ¿O vivimos en otra Europa simplemente preocupada por asegurarse materias primas de Rusia sin que nos interese o inquiete su involución interna? ¿Para qué queremos entonces estos informes demoledores del Consejo de Europa? ¿Para pasárnoslos por el arco de triunfo? No tiene sentido la palabrería europea sobre los derechos humanos en el mundo si luego uno de nuestros grandes líderes acaba callándose ante el presidente ruso. En este caso, es claramente preferible la actitud de Estados Unidos, cuya secretaria de Estado, Condoleeza Rice, se ha entrevistado el miércoles con Putin y ha tenido la decencia de recordarle que «no debe concentrar tanto poder en sus manos», para impulsar un mayor desarrollo democrático. No se trata de agredir a nadie, se trata de insistir en la defensa de unos principios. Que Bush nos lleve la delantera en esto no deja a la Unión Europea en muy buen lugar.