NO hay nada mejor que recurrir a la etimología para disipar cualquier duda sobre el verdadero significado de las palabras sospechosas. El término trabajo , descubro, viene de tripalium, un artilugio de tres palos en el que se amarraba a los esclavos que se resistían a ir al tajo para arrearles. Con el tiempo, ese instrumento de tortura acabó por asimilarse a la propia actividad de los parias del imperio romano. Muchos siglos después, los tribunales de Justicia nos confirman que la palabra trabajo es un verdadero prodigio de la arquitectura semántica. La Audiencia de Madrid ha concedido a Luis Roldán un régimen penitenciario por el que le autoriza a salir todos los días de la cárcel para trabajar. Vamos que se le cambia la celda por el tajo. Al ex director general de la Guardia Civil, condenado a 34 años por meter mano en las arcas públicas, le precedió el capo del narcotráfico gallego José Luis Charlín, del que se informó esta semana que estaba redimiendo su condena limpiando las zonas comunes de la cárcel. El trabajo de Charlín, fue valorado por la Audiencia Nacional, como de «especial laboriosidad» (sic). El arousano es un experto en servirse del trabajo para burlar la Justicia. En el 2002, intentó hacer creer a los magistrados de turno que iba a trabajar como dependiente en una zapatería de Madrid para lograr la condicional. En resumen, que ese instrumento infernal diseñado por los romanos sigue atormentándonos cada día tanto a presos como a personas libres.