DICEN las revistas internacionales más sesudas que la Iglesia y, por tanto el Papa que salga del cónclave, afronta tres retos principales: el Islam, la moral en torno a la vida -que algunos reducen a moral sexual- y la apostasía silenciosa del primer mundo. Sobre el problema del Islam, se limitan a comentar que Juan Pablo II lo ha hecho bien, tanto a la hora de evitar el «choque de civilizaciones» como al proteger a las minorías católicas en zonas musulmanas. En el segundo asunto parecen no aclararse, a menudo porque confunden los términos. Admiran el trabajo de la Iglesia en el tercer mundo, reconocen que en algunos países es el único actor en la lucha contra el sida, pero concluyen que la moral católica es imposible de vivir, algo que se desmiente solo. Esta es la causa principal, según ellos, de la apostasía y de una supuesta división en la sociedad propiciada por los innegociables valores católicos, pero reconocen, a la vez, que la muerte del Papa ha producido una sensación de unidad mundial, como nunca antes se había visto, entre países, culturas y religiones tradicionalmente enfrentadas. Es la eterna paradoja de lo cristiano, tan resistente a las simplificaciones. A ver si Dios nos manda otro santo. psanchez@udc.es