SEAMOS concretos. Los socialistas gallegos tienen el mismo número de votos que la Esquerra Republicana de Cataluña y además los superan en número de diputados en Madrid, 10 frente a 8. Si además contamos con los electores del BNG y sus 2 diputados concluiremos que la izquierda gallega podría ser un grupo de presión político mucho más fuerte que el partido de Carod-Rovira. El catalán ha conseguido que hasta el supuesto guardián de las cuentas, el ministro Solbes, asuma lo que nos va a costar a todos que Cataluña pague mucho menos al fondo común de la solidaridad territorial española. Que a Galicia también afectará, ya lo veremos. Tiene condicionada toda su política. Pero nuestra izquierda, más numerosa y representada, no logra siquiera que la despectiva Magdalena Alvarez respete el Plan Galicia; mucho menos que Zapatero imponga a Solbes prioridad económica para que se cumpla. Sus preferencias están en otros frentes: con los vascos que arman gresca y se sienten distintos; con los catalanes, que tienen el gen monetario de los fenicios y además son más del doble que nosotros; con los andaluces, el mercado electoral más nutrido de España; con Madrid, centralidad, votantes y símbolo; con Valencia y la costa levantina, que se puebla con el apetecible mercado de futuros electorales de los emigrantes. Pero esta tierra gallega no es destino de sus complacencias. Ante su desidia, nuestra izquierda se muestra consentidora en Madrid y acusadora en propia casa. Culpa de lo divino y de lo humano a la Xunta de Fraga, tacha a Núñez Feijóo de agitador por desvelar las falacias del Ministerio de Fomento y tilda a cargos locales, que reclaman lo debido, de caciques arcaicos a reemplazar por los nuevos guardianes del talante. Nos están colando una nueva marginación en clave de diferenciación a la baja. Pero la izquierda mira para otro lado. No sabe hacer una oposición matizada y compleja, ni la compensa con carácter y valentía en los temas esenciales. Tratará de suplir las carencias paseando a Zapatero por las playas mostrando palmito y diciendo naderías sobre el Prestige . Prometerán el oro y el moro antes de las elecciones y dirán que no es necesario dar razones ni rendir cuentas porque la necesidad del cambio es evidente. Recurrirán a la amnesia de lo que pasó con el PSOE en el poder, -desindustrialización, paro y discriminación-, y dirán que todos nuestros problemas fueron cosa de la parte del pasado en la que ellos no mandaron. Pero no se enfrentarán al poder central ni harán jugar su peso potencial en la escena española. Pedirán que nos encojamos porque lo único de lo que se creen capaces es de cambiar el escenario local. Queda por saber la reacción del propio pueblo gallego, si se dejará llevar por los artificios de la imagen o apostará por hacerse valer como está en su mano hacerlo. A diferencia de lo que decía Alfonso Guerra, sólo los que se muevan saldrán en la foto. Lo enseña la Historia.