SI NO FUERA porque con eso de las actuaciones habitacionales nos arreglaron lo de la vivienda; si no fuera porque el Plan Galicia está ya casi cerrado, porque hemos vencido a la inmigración y porque la idea de Ibarretxe se ha ido definitivamente a la papelera y ya no hay de qué preocuparse, el balance del primer año de Gobierno socialista rozaría el ridículo. Pero como estas cuestiones ya no nos preocupan porque las tenemos arregladas y algunas otras puede que tampoco, el balance hay que colocarlo donde lo ha colocado el propio presidente Zapatero: todo va mejor. Mejor, ¿respecto a qué? ¿A lo que teníamos? ¿A las expectativas? ¿O a lo previsto en función de la capacidad que les suponíamos? Mejor, ¿en qué? En menos soberbia y menos crispación, es cierto. Cuestiones que valora sobremanera la sociedad. También es cierto. Pero que evidentemente no son suficientes para mantener vivo el pulso de un país. Porque el país, aunque no lo parezca, se levanta cada mañana y necesita tener solucionados muchos de sus asuntos para poder caminar. La retirada de las tropas de Irak, que sería discutible en las formas, es el principal activo de este Gobierno. Todo lo demás son promesas, objetivos, buenas intenciones y rectificaciones. En política territorial, en educación, en economía, en política exterior y en reformas sociales. Todo lo que Zapatero nos ha ofrecido en este año puede resumirse en esa frase tantas veces escuchada: «Es intención de este Gobierno llevar a cabo...». Y en esas estamos. Esperando a que empiecen a llevar a cabo. Aguardando a que comiencen a gobernar. Que resuelvan las cuestiones más prioritarias. Pero estos días están haciendo balances triunfalistas y tratando de engatusarnos diciendo que lo mejor está por venir. Pues a ver si viene porque esto empieza a resultar desesperante.