EN dos décadas, Vigo acumula un rosario de 150 sentencias por delitos urbanísticos. Sólo por detener esta espiral de inseguridad hacía falta renovar el plan general de 1998. Otra cosa es que la extraña complicidad del PP y el BNG haya dado con la fórmula mágica del crecimiento. El nuevo documento prevé crear 123.000 viviendas en los 109 kilómetros cuadrados del municipio (ahora hay 113.000), a un ritmo de 2.000 por año. Recalifica 500 ámbitos y convierte el 70% del rural en una gran mancha urbana con 40 zonas de torres entre las 12 y las 20 alturas. Y todo en una ciudad que arrastra 28.000 pisos vacíos. Ayer, miles de personas salieron a la calle pidiendo un cambio de modelo. Es cierto que no hay planes de consenso. Pero a quien apasiona éste es a los promotores inmobiliarios.