La espantada de Beiras

ANXO GUERREIRO

OPINIÓN

13 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LA DIMISIÓN de Xosé Manuel Beiras como presidente del Consello Nacional del BNG, y su renuncia a formar parte de las candidaturas electorales, es el último y más grave exponente de la crisis que atraviesa la organización frentista. Un episodio que, lejos de representar la apertura formal de un nuevo ciclo político en el Bloque, confirma la vigencia de un viejo contencioso jamás resuelto. Por esa razón, la retirada del histórico dirigente y las circunstancias que la rodean tendrán inevitables e indeseadas consecuencias en la política gallega. En primer lugar, contribuirá a empañar la imagen de la nueva dirección nacionalista y cuestionará su voluntad renovadora. Porque, en efecto, no es concebible una auténtica renovación si ésta se basa en una ruptura traumática con la historia. Es tal el peso de la tradición, que incluso cuando aparece algo radicalmente nuevo en política, si de verdad aspira a una perspectiva de futuro, si quiere ser algo más que una epidérmica erupción pasajera, se siente obligado a recordar el pasado, el mejor pasado. Por otra parte, Beiras y Quintana saben perfectamente que una crisis como la que acaban de protagonizar sólo es explicable si existen relevantes diferencias políticas, tanto sobre la etiología de la misma como sobre las alternativas de futuro. Resulta, pues, imprescindible que esas diferencias se hagan explícitas a través de un debate transparente, para que la opinión pública pueda conocerlas y ponderarlas adecuadamente. Sólo así evitará el Bloque que se desvirtúe su proyecto político, y sólo de esta forma logrará que el debate organizativo, también importante, sea un producto natural, un epifenómeno comprensible del proceso político. De lo contrario, inevitablemente, el BNG proyectará la imagen de que su debate se reduce a una mera lucha por el poder, a una confrontación entre intereses personales o corporativos en pugna por la influencia y el control de la organización, en detrimento de la participación democrática y la convivencia interna. Finalmente, con unas decisivas elecciones autonómicas en el horizonte inmediato, Quintana y Beiras están política y moralmente obligados a posponer momentáneamente sus diferencias para evitar que el Bloque sufra un irreparable quebranto electoral. Para ello deben ser capaces de movilizar conjuntamente a un importante sector del electorado que sólo se expresa a través del nacionalismo, y cuya abstención no sólo debilitaría al BNG sino al conjunto de la alternativa progresista al Gobierno conservador.