HOY NO SERÉ objetivo al hablar de Xosé Manuel Beiras. Lo fui hace unos días, cuando, al opinar de política y elecciones, le acusé de falta de realismo, y de gastar su historia y su personalidad en batallas pequeñas. Pero no quiero serlo ahora, cuando me dispongo a hablar del político al que más quiero y respeto, y cuando recuerdo, palabra por palabra y hecho por hecho, cómo se portó él cuando me echaron a mí, cuando fue el único que se atrevió a poner la mano en el fuego por un adversario político al que sus correligionarios habían enviado, con malas artes y peores intenciones, a la papelera de reciclaje. Beiras es el gran líder gallego de la Autonomía gallega. El único que quemó todo su capital al servicio de Galicia. El que más ideas puso en la controversia. El que mejor conectó con los votantes jóvenes que ingresaban cada año en los censos de la democracia. El que le dio éxito y vida a la fuerza política que caracteriza como propio y exclusivo nuestro sistema de partidos. El que hizo imposible que las fuerzas dominantes -PP y PSOE- practicasen aquí política regionalista. El que le dio prestigio interior y exterior al nacionalismo gallego, y el que hizo fracasar la estrategia mediática que quería convertir al BNG en la Batasuna atlántica. Al contrario de lo que hizo Fraga, Beiras nunca quiso jugar con red. Nunca repartió sus apuestas entre Madrid, Santiago y Bruselas. Y nunca ahorró prestigio ni esfuerzos para que Galicia tuviese una alternativa con fuerte presencia nacionalista. Pudo ser árbitro, como Carod-Rovira, pero no quiso. Y pudo abandonar la política gallega en pleno éxito, y marcharse de retórico a Madrid, pero prefirió intentar una sucesión ordenada y pasar el testigo a la generación siguiente. No tengo ninguna duda de que alguien le traicionó. Y también tengo por cierto que la crisis abierta por Paco Rodríguez después de las elecciones de 2001, en nombre de una renovación prematura y mal planteada, fue el mayor error político y la mayor injusticia personal de los últimos años. Sólo Beiras salvó de la zozobra a un nacionalismo de izquierdas dividido y electoralmente desahuciado. Gracias a su indiscutible liderazgo, las sucesivas derrotas de Coalición Galega y Esquerda Galega dieron como resultado un nacionalismo unificado y centrado que aspira a ser alternativa. Por eso creo que todos tenemos algo de culpa en este desaguisado que echa a Beiras de las listas, por haber dejado que sea el único que tiene que cargar con la crisis abierta por las elecciones de 2001, y el que sale personalmente derrotado en una batalla que nada tiene que ver con él. Su único error fue el de seguir luchando cuando ya no tenía nada que ganar. O el haberse creído que todos sus correligionarios habían escogida la senda política de los bós e xenerosos , en la que Beiras siempre estuvo y estará. Y esa es la razón por la que aún le quedan muchas cosas por decir en la política de Galicia, aunque ya no pueda hacerlo en el estilo brillante y riguroso que nos dio las únicas alegrías parlamentarias de los últimos quince años.