GALICIA entró ayer con Ryanair en el paraíso europeo de los vuelos baratos y por ello están de enhorabuena las almas viajeras, hasta ahora atenazadas en esta periferia peninsular por los rigores económicos del monopolio y el centralismo de las aerolíneas tradicionales. La magia empresarial de O'Leary -con la ayuda de las subvenciones, 6 euros por viajero- le permite a usted alternar de escapada el CGAC con la Tate Gallery, El Corte Inglés con Harrods o Stamford Bridge con Riazor; y a los británicos les anima a descubrir que el Sur no empieza en la Costa del Sol. Barajas ya no es la puerta de Europa para los gallegos, sino Stansted. La primera línea de Ryanair y la pugna de Spanair e Iberia conmocionan esta primavera el transporte aéreo. Más que nunca, se abren horizontes.