CONTINUANDO con las visitas de líderes norteamericanos a Europa, esta semana ha venido Robert Zoellick, vicesecretario de Estado, es decir, segundo de Condoleeza Rice, quien ha dirigido en Bruselas una serie de amenazas si la UE levanta el embargo de armas que le fue impuesto a China en 1989 por los sangrientos sucesos de la plaza de Tiannamen. Recordemos que ese año fue también el de la caída del muro de Berlín. Zoellick destacó que si Europa transfiriese alta tecnología militar a China pondría en peligro a las fuerzas norteamericanas desplegadas en el Pacífico, sobre todo después de que este país aprobase la intervención militar en Taiwan, en el caso de que declarase su independencia. Así pues, China amenaza a Taiwan y Estados Unidos amenaza a Europa. Pero no parece probable que los países europeos se quieran interferir en el avispero asiático, donde los norteamericanos están comprometidos en la defensa de Corea del Sur, Japón y Taiwan, después de los sucesivos avisos que han recibido de los políticos y aliados norteamericanos sobre los riesgos que implicaría la transferencia de alta tecnología militar a China. Suponemos que esto también se lo habrán dicho a los rusos. Los europeos están tratando de iniciar su política exterior común con independencia, pero en varios puntos estratégicos se encuentran con que ya EE. UU. ha tomado posiciones: Palestina, Irak, Irán, Ucrania, y ahora China. Pero es evidente que la UE es hoy un actor global que no se puede quedar al margen de los conflictos mundiales. Por eso Europa tiene que buscar su sitio a pesar de las advertencias de los afectados. Porque una cosa es la competitividad económica y otra muy distinta es entrar en cuestiones de seguridad internacional, donde si se favorece a unos se perjudica a otros. Ese es el reto.