CARLOS G. REIGOSA | O |
08 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.TODOS los días vemos noticias en los medios de comunicación que, en realidad, no nos conciernen ni nos interesan. De hecho, sabemos que, a pesar de ocupar primeras páginas, no nos van a afectar. En cambio, ¿dónde están esas noticias que se resisten a convertirse en tales y que, sin embargo, nos van a afectar muy directamente? Veamos un caso: el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, le dice al presidente Rodriguez Zapatero que es urgente en España reformar el mercado laboral y las pensiones mientras dura la bonanza económica. Se lo dijo el pasado 2 de abril en el Palacio de la Moncloa. Pero pasó la reunión y pasó el tema. Como pasó lo del desbordamiento de nuestro déficit exterior, que los economistas califican de «preocupante». Preocupante ¿para quién? ¿Para nuestros nietos? No ha quedado claro. Porque en medio sigue la versión oficial, según la cual, después de un giro de 360 grados, resulta que España va bien. Y lo que va bien, ya se sabe, no es noticia. Un sutil mecanismo de inhibición informativa nos lleva a la seráfica conclusión de que el futuro no es un problema y por lo tanto no urge atenderlo. Hasta que sea un problema de difícil solución. Entonces sí será noticia. Y será tarde.