Aterrizar en Galicia

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

08 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LA MUERTE del Papa me sorprendió en el monasterio de Aciveiro, en cuya hospedería busco, siempre que puedo, un tiempo para pensar. A mí me gustan las cosas grandes, los sabores y olores intensos, las cantatas de Bach y las pasiones desbordantes. Y por eso llevo una semana sobrevolando el Vaticano, meditando sobre la vanidad del mundo, y tratando de plantarle cara a esa realidad tan familiar e imprevisible que es la muerte. Pero ayer por la mañana enterramos a Juan Pablo II, y, faltando nueve días para el Cónclave, no tuve más remedio que abandonar las nubes grises, donde estaba tan a gusto, y regresar a Galicia. Al enfilar de nuevo la dura realidad encontré a Fraga, Quintana y Touriño en el mismo lugar en el que los había dejado, como si los vientos que agitan la historia nada tuviesen que ver con los hijos de Breogán. ¡Qué fuerte! Después de una semana hablando de la paz del mundo, de la unión de las iglesias, de la solidaridad de los pueblos y del canto gregoriano, lo primero que escuché fue que Rodríguez Zapatero nos «robó» 332 millones de euros, que Magdalena Álvarez frenó el AVE antes de arrancarlo, que Touriño se está cubriendo de «eso que cae a diario sobre los palos de los gallineros», y que los gallegos tenemos que salir a la calle para reclamar los 122,96 euros que nos han quitado por cabeza. Pero, lejos de explicar las cosas con puntos y comas, lo que hizo Pérez Touriño fue recordarnos que la Xunta es un Gobierno interino, que el régimen fraguista agoniza, y que los gallegos tenemos que salir a la calle -¡vaya manía que les ha entrado!- para jubilar políticamente a «un presidente inútil». Nada dijo, en cambio, del AVE, que renace y se extingue, continuamente, como el Ave Fénix. También Quintana intervino para exigir «menos partidismo y propaganda», para insistir en que Fraga ya «no está en condiciones de gobernar», y para sacar de su chistera un «pacto por las infraestructuras» que bien podría llevarnos a un discurso único sobre el Plan Galicia. Y hasta Núñez, el técnico que descendió a político, quiso poner su guinda anticipada, al pedir que, mientras esperamos a que se inicie la eterna autovía a Noia, o se termine la eterna autovía central, se construya una segunda autopista entre Ferrol y Vigo, para dejar claro que los gallegos somos igual de machotes que los de Alicante. ¿Cómo es posible -pregunto- que no les corramos a gorrazos? ¿Qué hace el Vaticano, que no sustituye el libro de Job por una historia política de los gallegos? Opinar en Galicia, querido lector, es como llorar. Sobre todo cuando uno lleva ocho días en las nubes, donde todo es más real y más interesante que este lamento jeremíaco del Plan Galicia.