El Papa

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |

05 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY explosiones de palomas en las plazas de Roma. Juan Pablo II ha muerto. Karol, Karol, Karol, le llama tres veces el camarlengo. Tres veces toca en su frente con el martillo. El Papa peregrino no responde. Está en la Casa del Señor. Han sido 84 años intensos, 26 como sucesor de San Pedro. El viento pone el eco a un aplauso espontáneo de los fieles. Callan las palmas y estremece el remolino que causa el silencio. El niño de Katovice, el aficionado al teatro, el obispo más joven, el cardenal más niño, el Papa viajero, el hombre que luchó contra comunismo y nazismo, el hombre que comulgó con lo más conservador de la Iglesia para calzarse las sandalias del pescador, no respira. La mujer pasiva, él que dedicó su vida a la Virgen, fue una de sus cruces. Fue poeta hasta el último verso, «ama y acabarán las fugas de tu corazón». Le tendió las manos a otras religiones, en un credo de esperanto. Se arrodilló ante el muro de las lamentaciones y pidió perdón por algunas atrocidades de la Iglesia. Él quería ser el Papa de los jóvenes, mediático. Juan Pablo II el Grande descansará en la cripta vaticana. El cielo de Roma es bello como la capilla sixtina. De la cúpula que soñó Miguel Ángel saldrá el humo blanco de su sucesor. cesar.casal@lavoz.es