Una elección imprevisible

JOSÉ VARELA

OPINIÓN

LOS LIDERAZGOS poderosos dejan tras de sí irremediablemente una estela de orfandad y un sentimiento de desorientación en el colectivo que dirigían. El pontificado de Wojtyla se ha caracterizado, entre otros rasgos singulares, por su pétrea coherencia interna aun con aparentes contradicciones. Esa cohesión doctrinal y programática, guiada por una voluntad férrea, ha resuelto no pocos de los retos que tenía planteados la Iglesia católica a su llegada al Vaticano, pero ha dejado abiertos otros frentes -el desafío de la ciencia, la incorporación de la mujer, la posición del catolicismo ante el crecimiento del islamismo son sólo algunos- que el cónclave habrá de afrontar con su elección. Una designación que está abierta a incontables especulaciones, como no podía ser de otra manera tratándose de una jerarquía de la entidad del papa de Roma. Y por encima de todas ellas, una evidencia: el profundo desconocimiento que de las claves internas de los debates, los criterios y los intereses de la junta de cardenales tiene la sociedad, así la laica como la católica. Dos milenios de íntima relación de la sociedad con la Iglesia católica parecen haber sido insuficientes para acceder a ese conocimiento. En estas condiciones, no es improbable que la elección del nuevo sumo pontífice resulte imprevista para la mayor parte de los fieles.