Madrazo

ANXO GUERREIRO

OPINIÓN

02 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS ENCUESTAS electorales acostumbran a predecir con acierto las grandes tendencias, pero suelen ser poco fiables cuando se trata de formular con precisión el resultado electoral, sobre todo cuando éste se presume muy ajustado. Pero pese a sus limitaciones son el instrumento más eficaz del que disponemos para analizar la realidad en las fechas previas al pronunciamiento popular en las urnas. Pues bien, todos los estudios demoscópicos, incluido el que el CIS acaba de publicar coincidiendo con el inicio de la campaña electoral vasca, coinciden en señalar que la coalición PNV-EA ganará claramente las elecciones aunque sin mayoría absoluta. El otro dato relevante que se deduce de todas las encuestas es que EB -la organización vasca de IU- será la fuerza determinante a la hora de configurar una mayoría política estable. Si los ciudadanos confirman el próximo día 17 las previsiones de los sondeos, Javier Madrazo, líder de EB, tendrá en sus manos no sólo la formación del nuevo gobierno sino, en gran medida, el futuro del llamado Plan Ibarretxe. Así pues, no debe extrañar que todas las miradas se dirijan hacia Madrazo preguntándose que decisión tomará al respecto el dirigente de izquierdas. Naturalmente, no sé cómo piensa gestionar Madrazo semejante poder de decisión, pero sí sé perfectamente lo que no piensa hacer. Madrazo jamás impulsará un movimiento pendular que lleve al PSOE y al PP al gobierno vasco en detrimento del nacionalismo. Llegado el caso, a lo máximo que llegará será a dejar al gobierno nacionalista en minoría. Y, conociéndolo como lo conozco, no alberguen ustedes esperanza alguna en que pueda plegarse a las presiones, si las hubiere, de la dirección estatal de IU. Se puede coincidir o no con él, pero Madrazo está firmemente convencido de que la fractura que vive el País Vasco sólo podrá superarse a través de gobiernos transversales en los que se comprometan nacionalistas y no nacionalistas. Esta es una de las razones por las que en esta ocasión, a diferencia de lo que ocurrió hace cuatro años, no existe en Euskadi perspectiva alguna de alternativa al nacionalismo, salvo en los discursos retóricos que tanto Patxi López como María San Gil pronuncian sin la más mínima convicción. Lo que realmente desearía Madrazo sería un gobierno PNV-PSE-EB. Pero si eso no es posible, y no parece probable que tal cosa ocurra, el líder de EB se verá obligado a decidir si pasa a la oposición o continúa en el gobierno y, en tal caso, qué condiciones piensa imponer al PNV para la reedición del tripartito que ha gobernado el País Vasco durante la última legislatura. Así las cosas, un interrogante puede ocupar el centro de toda la campaña electoral vasca: ¿piensa Madrazo condicionar la formación del nuevo gobierno a la retirada definitiva del Plan Ibarretxe, y a su sustitución por una propuesta negociada que obtenga un amplio respaldo de las fuerzas políticas y de la sociedad vasca? Si las encuestas no se equivocan, está en su mano. Es, desde luego, un gran poder, pero también una enorme responsabilidad.