LA TARDE que naufragó el Prestige, un compañero le quitaba dramatismo: «En las playas siempre hubo chapapote». Siempre lo hubo procedente de la limpieza de las sentinas de los barcos, aunque los arenales nunca se inundarían de negro como ocurrió días después. Transcurridos dos años y medio, limpias las playas y con el Plan Galicia semihundido, la única herencia palpable del Prestige es una mayor conciencia medioambiental. El índice de indignación crece ante cada nuevo sentinazo, pero el cabreo de los gallegos no evitará el siguiente mientras no se pongan medios de vigilancia, ni se apliquen medidas penales a los autores. Posdata: siempre se olvida que la contaminación no sólo es lo que el mar envía a la tierra, sino sobre todo lo que echamos desde la tierra al mar.