El candidato TP

OPINIÓN

30 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTUVO bien arropado Emilio Pérez Touriño en la conferencia que pronunció el martes en Madrid, en el Forum Europa, sobre las próximas elecciones gallegas. En la sala estaban, entre otros, José Blanco, Alfredo Pérez Rubalcaba, Cándido Conde-Pumpido, Elena Espinosa y Paco Vázquez. Touriño, como si de súbito se hubiera transformado en el candidato TP («Touriño, presidente»), pronunció un discurso claro y medido, socialdemócrata y galleguista, con referencias políticas sin aristas, respetuoso con el Fraga de la primera etapa en Galicia, pero no, como es obvio, con la gestión que ahora lleva a cabo. Y es que las elecciones ya mandan, y mandan decir estas cosas. Touriño dejó claro que la clave de la descentralización está en el binomio diversidad-cohesión y subrayó en este punto que, «de las nacionalidades históricas, somos los que más claro lo tenemos», entre otras cosas porque «los gallegos nunca hemos sido independentistas», pero podemos comprender lo de Cataluña y lo de Euskadi al mismo tiempo que la necesidad de solidaridad y de igualdad en España. Puso un énfasis muy especial en «la auténtica pulsión de cambio que existe en Galicia» (según las encuestas afectaría a más del 70% de la población, atravesando fronteras partidarias), y acusó a Fraga de haberse convertido en un «tapón» en su partido. «El tiempo que tarda el PP en protegerse del futuro lo está perdiendo Galicia», señaló. Para comprometerse a «dejar de estar en la España de segunda velocidad». Sonó bien su discurso. Sonó bien la ausencia de una agresividad gratuita y oportunista (ésa a la que nos tienen acostumbrados algunos políticos). E incluso sonó bien la contención de una euforia que sólo asomó en la relación de datos demoscópicos y quizá también en la sonrisa satisfecha y afable del candidato. Los socialistas gallegos no cuestionan el modelo de Estado y tampoco vislumbran problemas de identidad ni de denominación. Ninguna estridencia reivindicativa. Como si el que hablaba se sintiese ya al frente de la Xunta. Como si no quedase aún una dura campaña electoral. ¿Demasiado confiado? Depende de la fe que se tenga en la imposibilidad de una remontada popular.