La más alta ocasión de los siglos

OPINIÓN

EL PP DE GALICIA ya consiguió una encuesta que le da la mayoría absoluta. La competición está muy abierta, y cabe esperar que, a medida que se acerque el verano, caigan en nuestras manos los pronósticos más variados. Pero, si observamos la realidad en perspectiva comparada, y la expresamos después en el estilo cervantino que hogaño nos invade, a nadie le cabe duda de que la oposición socialista y nacionalista tiene ante sí «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros», y que, si esta vez no derrotan a Fraga, ya no podrán hacerlo jamás. Si Fraga lograse una nueva mayoría, Quintana y Touriño serían dos cadáveres políticos a merced de los buitres que revolotean en sus propios partidos. Por eso hay que suponer que, más allá de esta continuidad que aburre a las piedras, la configuración del PP como un partido dominante pondría en seria crisis a las formaciones de izquierda, que son, para muchos gallegos, eternos aspirantes. En tales circunstancias resulta muy difícil entender por qué el BNG y el PSOE se empeñan en generar oportunidades de voto que salvan al PP de su propia crisis, y por qué nos impiden darle a Fraga la merecida jubilación que está pidiendo a gritos. El agónico desplazamiento de Beiras, que tiene su último episodio en la batalla de las listas, se acerca mucho al esperpento, atasca la maquinaria electoral del BNG en sus barrizales internos, y pone cargas de profundidad muy difíciles de desactivar en el incipiente liderazgo de Quintana. Con independencia de sus razones morales, que estoy seguro de que las tiene, la actitud de Beiras me parece falta de realismo político, como si estuviese contemplando las elecciones de octubre bajo la estéril consigna de « après moi le déluge» . Pérez Touriño, que disfruta de un liderazgo reconocido y de una presunción de victoria que le convierte en candidato alternativo, también tiene dificultades para consolidar un discurso diferente, estable y creíble. Su apego al modelo de gestión desplegado por Fraga, que da prioridad a lo que se consigue sobre lo que se hace, le pone en inferioridad de condiciones frente al experimentado PP y a la inevitable defraudación que generan las respuestas de su propio partido. Su necesidad de digerir la crisis catalana le obliga a reconocer que nuestras preocupaciones se parecen más a las de Rodríguez Ibarra que a las de Maragall. Y su chusca y reiterada pretensión de gobernar en solitario le priva de mil oportunidades para fraguar una alternativa creíble. Por eso hay muchos gallegos mirando al PP por el rabillo del ojo. Porque, aunque Fraga hace todo lo que puede para perder, no van a dejar que se jubile.