OCUPÉ la semana pasada en tensas conversaciones con la Coordinadora de Virus del Estado Gripal, pero, triunfante como tengo por costumbre, regreso a la actualidad del Estado Español, sin duda más tolerable. El tema de hoy fue noticia urgente días atrás, pero está condenado a ser noticia crónica y nunca le viene mal una glosa. «Como he expresado en muchas ocasiones -dijo con la mirada en Marín-, las lenguas están para entenderse, no para dividir ni para confrontar». El sujeto del verbo dijo era ZP, que no tenía la mirada en la bella villa de la ría de Pontevedra, sino en el presidente del Congreso, paciente y cortés ante el uso parlamentario, de momento irregular o mal definido, de lenguas españolas autonómicas o nacionales. El talante de ZP hace milagros, pero el talante no lo es todo y, si no lleva por dentro algo de sustancia, puede quedársenos en pasteleo vacuo. Las lenguas no están para entenderse. Para entenderse está la lengua. Para no entenderse están las lenguas desde Babel y con mil lances en que, además de atender a que no nos entendamos, atienden a marcar, marginar y, si a mano viene, incluso masacrar al que no nos entiende y nosotros tenemos especial interés en no entenderlo a él. Nacionalismos y romanticismos florecerán en mil futrosofías bellas y paridas de salón sobre la incomunicabilidad de los mundos lingüísticos y de cómo cada lengua es expresión intraducible de un alma, de un genio, de un espíritu colectivo y de sus vivencias y creaciones y un largo patatín y patatán de lindezas con la mirada puesta cada cual en su propio e inalienable ombligo. Que las lenguas son para no entenderse remata precisamente en las lenguas como marca de identidad y argumento para la frontera y la distancia. Llevamos generaciones mareando la perdiz de la lengua como columna vertebral de la diferencia, llevamos generaciones de división y confrontación con la diferencia de lenguas como bandera evidente y principal, pero ahora resulta, según ZP, que de eso no hay nada. Pero me temo que ZP no se ha enterado de que el poncio de ERC en Madrid no hace otra cosa que marcarse su territorio con una meada en territorio ajeno, una meada sin la menor intención de que le entiendan la lengua catalana, pero con toda la intención de que le tomen nota de la diferencia y la distancia. El poncio de ERC, si fuera sincero a tope, debería pedir turno para hacerle ver a ZP que con sus componendas de que las lenguas están para entenderse, etc. le está pinchando el globo y echando abajo la función que trae tan bien preparada y precisamente para dejar claro que las lenguas están para no entenderse. Para entenderse por encima de la diferencia plural está el singular de la lengua común o franca, uso tan viejo, digno y normal como es vieja, digna y normal la pluralidad. El poncio conoce y habla a la perfección la lengua común, pero por delante quiere hacer otra comunicación que deje claro que las lenguas están para no entenderse. Eso es todo y no es poco.