Psicoanálisis y evaluación

| MANUEL FERNÁNDEZ BLANCO |

OPINIÓN

22 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

LAS CRÍTICAS al psicoanálisis y a su fundador, Sigmund Freud, son tan antiguas como la disciplina misma. Cada cierto tiempo, se pronostica su ocaso ante el avance de las neurociencias y de las prácticas psicoterapéuticas estandarizadas que aplican el mismo protocolo, en base al tipo de síntoma que presenta el paciente, sin apenas escucharlo. El psicoanálisis, con más de cien años de existencia, se lo debemos al genio de Freud. Su aportación es decisiva para entender el ser humano, cuya concepción es definitivamente modificada por el descubrimiento del inconsciente. Freud y Einstein, cada uno en su campo, son las grandes referencias intelectuales del siglo XX. A ningún gran pensador le faltan sus críticos, rigurosos o no. En ocasiones, ante el desconocimiento de la obra, se recurre al lugar común, al chiste conocido, o a confundir ciencia con contabilidad. El pasado mes de febrero, el ministro de Sanidad francés, Philippe Douste-Blazy, presentó en rueda de prensa televisada el plan de Salud Mental para el país vecino. Comenzó su alocución afirmando que lo propio de la Salud Mental es hacer frente al sufrimiento nacido de lo más íntimo y que frente a este sufrimiento, secreto e indecible, el primer deber de una sociedad fundada en la solidaridad y la libertad es el de reconocer que no hay un solo tipo de respuesta, y añadió: «El sufrimiento psíquico no es evaluable ni cuantificable». El ministro subrayó la confusión creciente del sufrimiento ligado a las circunstancias difíciles de la vida con la depresión. La consecuencia de esto es que muchas personas toman un tratamiento antidepresivo, que no necesitan. Recordó, especialmente, que estos fármacos no están indicados en el tratamiento de trastornos depresivos en los niños y adolescentes. Douste-Blazy subrayó la necesidad de una nueva política en el abordaje del sufrimiento psíquico, con la participación del conjunto de sensibilidades de la psiquiatría francesa, subrayando en particular la necesidad de inclusión del psicoanálisis. Al día siguiente, el ministro acudió al Séptimo Foro de los «psis», que se desarrolló en la Mutualité de París bajo la presidencia de Jacques-Alain Miller, prestigioso psicoanalista yerno de Jacques Lacan y líder del movimiento «psi». Estos foros se han desarrollado, desde hace más de un año, como respuesta a los intentos de control autoritario de las prácticas psicoterapéuticas y reúnen a psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas e intelectuales como Philippe Sollers, Bernard-Henri Lévy o Jean-Claude Milner. En este séptimo Foro, en el que estuve presente, el ministro insistió en lo inevaluable del sufrimiento psíquico y criticó el reduccionismo que supone el defender un único modelo de tratamiento. Esta respuesta del ministro de Sanidad francés supone una reorientación respeto al abordaje de los trastornos psíquicos en Occidente en las últimas décadas. Este abordaje se caracterizaba por el privilegio otorgado a la neurobiología en la explicación y tratamiento de los trastornos psíquicos, así como al intento de reducir los tratamientos psicológicos a las terapias conductuales, en ocasiones derivadas directamente de la experimentación con animales. En el campo de la Salud Mental, el empuje a imponer un modelo como único mediante guías, protocolos y programas estandarizados, conduce al silenciamiento del sujeto del sufrimiento en aras de una evaluación pretendidamente objetiva, cuando la evaluación de la que se trata es precisamente la subjetiva: la auto-evaluación. Y, si se trata de eso, mejor dar la palabra al paciente que callarlo rápidamente con un cuestionario o con un fármaco. Actualmente, el sujeto del malestar tiende a ser borrado tras el intento obsesivo de pasar todo a la estadística, a la contabilidad, al control. El resultado de este proceso no queda del lado de la ciencia, sino de una ideología: el cientismo que, como práctica, genera una burocracia aplastante. En esta política, no hay distingos ideológicos. La ideología de la gestión eficaz, basada en la evaluación y cuantificación estadística, no diferencia a la izquierda de la derecha. Tal vez, perimidos los discursos ideológicos, sólo quedan gestores compitiendo por quien obtiene mejores estadísticas. De vez en cuando, aparece un soplo de aire fresco y el ministro de la Salud francés sale a la palestra para decir que el sufrimiento psíquico es refractario a la estadística. Manuel Fernández Blanco es presidente de la Escuela Lacaniana de Psicoanális-España y miembro del Consejo de la Asociación Mundial de Psicoanálisis-Europa