TENGO para mí que la implantación de los coches camuflados de la Benemérita es algo así como la elegancia social del regalo de los grandes almacenes, pero en plan administrativo. Barrunto grandes quejas, pero no seremos pocos los conductores que nos sintamos más seguros a cubierto de automovilistas potencialmente peligrosos que temerán el majestuoso palo a su cartera. Las medidas disuasorias son útiles, interesantes en materia de tráfico en carretera... pero se demuestran insuficientes. Basta comprobarlo in situ: si se recorre un vial con cierta atención, es fácil observar cómo muchos automovilistas son prudentes en el entorno de los radares que sabemos donde están situados... y vuelven a la loca carrera en los restantes tramos. La combinación prudente pero firme de disuasión-represión parece inevitable en este asunto. El camuflaje, por otra parte, tiene sobrados antecedentes en la vida de este país. No hay más que contemplar algunos desfiles de alta costura, ¿qué parecen, si no? Y la política. El caso más clamoroso es el de Zaplana, que ha vuelto de Cádiz, de recoger un premio del Club Liberal, abrazado a la vieja Pepa de 1812, con la receta para su partido, el PP, de que tiene que actuar desde el centro reformista. Lo dice uno de los integrantes del trío de las Azores, que estaba duplicado, con un único personaje presente en los dos casos: Aznar. En la isla, con Bush y Blair, sobre la plataforma continental, en la tradicional piel de toro, con Acebes y Zaplana. ¿Pero ha habido tripleta más agresiva en los últimos tiempos, menos centrada? En derechización e inflexibilidad, pocos han ganado a este Fausto que a la vista está puede pactar con quien sea, en el Cádiz liberal o en cualquier otro lugar, para aparentar ser centrista, como dicen los más viejos del lugar que fue en sus años jóvenes. En el fondo, el levantino se ha pasado los últimos años camuflado y ahora intentará, no sin esfuerzo, competir con el talante que le atribuyen a Zapatero. Más que un milagro.